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Tasting The Almighty

Como el Mana que cayó del cielo trajo el sabor de vida en el desierto, así el pan de vida que descendió del trono de Dios, nos dio a saborear la vida eterna. No podremos realmente disfrutar a Dios hasta que personalmente lo hayamos saboreado. El aprendizaje experiencial y nuestra experiencia con él, indiscutiblemente nos llevan a esto. Todo el conocimiento que podamos poseer acerca de Dios no nos podrá acercar a Dios en la manera que Su toque personal lo hará.

 

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Climbing High

En “Subiendo a la Alto” el autor procura diseccionar  la fantasía humana, de la realidad de Dios. La mejor manera para llegar a conocer a Dios (basado en las Escrituras obviamente) es en base a la experiencia personal y no como se cree equivocadamente a través de un comportamiento aprendido o relacional. Conocer a Dios va mucho más allá que el concepto de “creer en Dios”. Para experimentar a Dios es necesario ‘saber que le hay’.  El que sabe, a forcejeado con Dios. (Jacob)

 

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The Wheel Within The Wheel

Una rueda dentro de una rueda fue parte de la visión extraordinaria que vio el profeta Ezequiel estando en el cautiverio.  Ciertamente, como rieles paralelos, la historia se ha ido repitiendo a través de los milenios. Como si Dios estuviese esperando hasta el momento preciso, cuando el cumplimiento de todas estas cosas, llegaría a su final.

 

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Treasure Map

Necesitamos discernir el camino para llegar a el y hacer uso de la lámpara que nos ha sido entregada con tal propósito. Una vez y poseamos el mapa del tesoro en nuestras manos, no permitir que nada nos distraiga hasta encontrarlo.

 

 

 

 

 

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Distraction – Constantine 313 A.D.

Cuando se habla de la Eternidad existen distracciones que pueden ser fatales. La Reforma de Constantino fue una de ellas.

 

 

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Contact 8-17-14

En este episodio, el autor hace un llamado al pueblo de Dios a considerar lo preciado que es el tesoro que se le ha dado a la Iglesia. Necesitamos discernir el camino para llegar a este y hacer uso de la lámpara que nos ha sido entregada con tal propósito. Una vez y hecho esto, mantener la dirección sin distracciones.

La Eternidad y el Espacio-Tiempo

Según Alberto Einstein el universo tuvo un comienzo. Hoy la ciencia, mirando hacia atrás en las huellas del espacio, lo puede comprobar. Se teoriza que todas las leyes establecidas, se han de aplicar de la misma manera dentro del espacio-tiempo (space-time) existente.  Bajo tal premisa la ciencia puede trabajar. Pero, ¿qué, cuando se habla de una eternidad? ¿Cuales leyes, ó cuál ley sostiene su existencia? ¿Se puede probar la eternidad? Para muchos, el concepto de un Dios eterno, arquitecto del universo es difícil de comprender. Para mi, sin estar muy familiarizado con los escritos de San Agustín, me he dado cuenta que, en esto teorizamos de la misma manera.  Para mí, entender la eternidad no es como una ciencia de números repetitivos infinitamente, sino mas bien una eternidad explicada fuera del tiempo y el espacio, antes y después, e implica un arquitecto y ordenador de todas las cosas.

Siguiendo tal premisa,  la de tal arquitecto que dejó sus notas intencionalmente puestas sobre el tablero de la tierra, y las huellas de sus manos impregnadas por todo el espacio estelar, me animo a intentar responder a tales preguntas de una manera clara y sencilla. Si me familiarizo con su trabajo, encuentro lo que he llamado la ley de la fe. He tenido que hallarla de una manera implícita en la Biblia, pero ahí está. Desde Génesis hasta Apocalipsis, el eterno yo soy, el presente continuo, habla de su eternidad.  Su formula matemática, —la suma de la palabra es la verdad. Comparo las notas que el arquitecto del universo dejó en la tierra, con el volumen de utilidad de un cerebro humano normal, a penas un 10% de su capacidad y potencial intelectual.  ¡Oh, si pudiéramos descifrar toda la Biblia en su contexto! El sabio Salomón estaría orgulloso de nosotros.

He llegado a la conclusión que la ley de la fe es la prueba de todas las cosas, tanto de las que se ven, como las invisibles.  Es más, sin fe es imposible creer en Dios, porque es necesario creerle que le hay. La ley de la fe nos permite separar la eternidad en antes y después, de un presente temporero creado por el tiempo y el espacio. Nos permite ver de una manera invisible, el orden de Dios, y el intento infructuoso  del conocimiento humano por descifrar su poder. Pero tal conocimiento no se puede adquirir a ningún precio.  Se palpa si acaso, de gracia —algo que no merecemos.

Más el tiempo del hombre está encerrado dentro del capullo de una flor que brota, y luego se marchita. Siete días de esplendor y gracia, polinizados en el camino por el polvo de Dios. Mil años por cada día, y cada día como mil. ¡Oh, cuan inescrutables son las veredas de Dios, como quiero crecer y marchitarme a sus orillas! El que se encuentra en el camino con Dios, se encuentra con la eternidad. Caminemos pues, porque la vereda no tiene final. ¿Para qué mirar atrás?  Sigue hacia adelante, con el tiempo siguiendo la eternidad, porque el pasado dejó de existir, y aquella flor —volvió a vivir.

Carlos Dávila

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