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La Eternidad y el Espacio-Tiempo

septiembre 13, 2012

Según Alberto Einstein el universo tuvo un comienzo. Hoy la ciencia, mirando hacia atrás en las huellas del espacio, lo puede comprobar. Se teoriza que todas las leyes establecidas, se han de aplicar de la misma manera dentro del espacio-tiempo (space-time) existente.  Bajo tal premisa la ciencia puede trabajar. Pero, ¿qué, cuando se habla de una eternidad? ¿Cuales leyes, ó cuál ley sostiene su existencia? ¿Se puede probar la eternidad? Para muchos, el concepto de un Dios eterno, arquitecto del universo es difícil de comprender. Para mi, sin estar muy familiarizado con los escritos de San Agustín, me he dado cuenta que, en esto teorizamos de la misma manera.  Para mí, entender la eternidad no es como una ciencia de números repetitivos infinitamente, sino mas bien una eternidad explicada fuera del tiempo y el espacio, antes y después, e implica un arquitecto y ordenador de todas las cosas.

Siguiendo tal premisa,  la de tal arquitecto que dejó sus notas intencionalmente puestas sobre el tablero de la tierra, y las huellas de sus manos impregnadas por todo el espacio estelar, me animo a intentar responder a tales preguntas de una manera clara y sencilla. Si me familiarizo con su trabajo, encuentro lo que he llamado la ley de la fe. He tenido que hallarla de una manera implícita en la Biblia, pero ahí está. Desde Génesis hasta Apocalipsis, el eterno yo soy, el presente continuo, habla de su eternidad.  Su formula matemática, —la suma de la palabra es la verdad. Comparo las notas que el arquitecto del universo dejó en la tierra, con el volumen de utilidad de un cerebro humano normal, a penas un 10% de su capacidad y potencial intelectual.  ¡Oh, si pudiéramos descifrar toda la Biblia en su contexto! El sabio Salomón estaría orgulloso de nosotros.

He llegado a la conclusión que la ley de la fe es la prueba de todas las cosas, tanto de las que se ven, como las invisibles.  Es más, sin fe es imposible creer en Dios, porque es necesario creerle que le hay. La ley de la fe nos permite separar la eternidad en antes y después, de un presente temporero creado por el tiempo y el espacio. Nos permite ver de una manera invisible, el orden de Dios, y el intento infructuoso  del conocimiento humano por descifrar su poder. Pero tal conocimiento no se puede adquirir a ningún precio.  Se palpa si acaso, de gracia —algo que no merecemos.

Más el tiempo del hombre está encerrado dentro del capullo de una flor que brota, y luego se marchita. Siete días de esplendor y gracia, polinizados en el camino por el polvo de Dios. Mil años por cada día, y cada día como mil. ¡Oh, cuan inescrutables son las veredas de Dios, como quiero crecer y marchitarme a sus orillas! El que se encuentra en el camino con Dios, se encuentra con la eternidad. Caminemos pues, porque la vereda no tiene final. ¿Para qué mirar atrás?  Sigue hacia adelante, con el tiempo siguiendo la eternidad, porque el pasado dejó de existir, y aquella flor —volvió a vivir.

Carlos Dávila

From → Tiempo Real

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